Una silueta femenina casi perfecta de espaldas a mí de aquellas que adoro en ocasiones, acicalada por un bello vestido de velo blanco, entallado de la cintura para arriba y suelto de las piernas que se delatan por la luz lunar, ella, la silueta que me agrada yace recargada en la ventana de cristal que muestra el jardín, un momento tranquilo, cual si el tiempo no existiera, no hay sonidos, todo en medio de la obscuridad de la paciente y estática noche en tonos azules debido al brillo de la luna, miro al frente de mí y veo la televisión colgada de la pared, el sillón verde intacto, el foquito rojo encendido al igual que los amarillos y el verde, la mesa junto al sillón, todo tal y cual estaba en la tarde. Como todas las noches, el hospital sereno con ningún alma en los pasillos al parecer, afuera no hay razón de vida o señal alguna de movimiento a mi lado mi padre recostado como anoche y antenoche sobre el sillón, como siempre yo velando sus sueños, cuando debería ser al revés. De pronto un profundo miedo se hospeda en mí, no sé si sea el medicamento que me provoca paranoia o la silueta femenina que sigue contemplando el paisaje, pero ahora veo más cercana, cierro los ojos para intentar regresar a mis sueños, como si cerrándolos se apagara ese miedo y regresara a mí armonía.
No resultó, intento tomar el control de la TV parta encenderla y olvidar el miedo pero no lo alcanzo, eso incrementa mi desesperación y mi miedo, mientras tanto la silueta se sigue acercando sin moverse, aparentemente el cuarto se hace más pequeño o mi visión falla, pero cada segundo la siento más cerca de mí y de pronto es como si estuviese respirando sobre mi pero no es así, porque continúa con el paisaje, así me sucede en repetidas ocasiones, tal vez dos o tres o quizá cinco o seis, los números es algo que no importa con este temor. Cuando volteo a mi izquierda y por fin le veo la cara, y si antes tenía miedo ahora es pavor, su silueta desentona totalmente con su cara. ¿Cómo es posible que aquella silueta de ensueño se conjugue con este espanto de rostro?, un rostro carcomido en las mejillas, pupilas gigantes, cabello despeinado y sonrisa horrenda. Creo que es la muerte, y viene por mí, pero no tengo ganas de ir con ella todavía tengo muchas cosas por hacer. ¡Por Dios!, ni siquiera he cumplido alguno de mis más grandes sueños. ¿Cómo me voy a ir así?, cerrando los ojos pienso “No no no. Hoy no, ya será después”.
Abro los ojos y es de día, mi padre ya no está a mi lado, lo escucho en la regadera, en el pasillo bromas entre enfermeras, afuera las aves trinando, los carros pitando, los niños jugando futbol y los perros ladrando, pero aún queda la firme y profunda sensación de su mano sobre mi pecho. No sé si fue un sueño o en realidad pasó. Lo que si se es que no fue hoy, “ya será después”.

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