Ella, ahí recostada sobre finos granos de suelo amarillo, tranquila, inmóvil, una escultura, la más bella del horizonte, siendo acariciada por los secretos que lleva el viento que se desliza por sus líneas y hace remolinos en los espacios que encuentra, como no queriendo escapar de ella, porque así es, para finalmente perderse en el profundo gris que esconde el brillo. Porque hoy el sol no quiso salir, se sentiría opacado frente a ella. Mejor deja nubes para el sentimiento y gotas para la melancolía. Agua que cae por montones y por goteo a la vez, con intención de ser discreta, se impacta en ella para entremezclarse y pertenecer, un poco aunque sea de esa escultural belleza, y escurre, lenta y suavemente sobre ella, porque como el viento, el agua tampoco se quiere despegar. Finalmente pierde la batalla con la gravedad y se filtra por el suelo y se pierde en el oleaje que juega enjuagando su jugo y gimiendo el conjuro que jura jamás terminar.
viernes, 16 de octubre de 2009
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estan hermos0os!!!
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