Te vi aquel día mientras apoyabas en la campaña de mi hermana. Me pareciste alguien muy linda, tanto que no te podía hacer aquello que acostumbraba en esos tiempos. No eras merecedora de mis ideas y acciones perversas. Aparte de todo eras un delito, el mejor que podría cometer. Pero decidí seguí adelante y dejar juzgados denuncias y demás para otra ocasión. Mejor desahogué esas ideas y acciones en otra persona, mientras el tiempo se encargaría de quitar ese sello delictivo de tu cara y de tu cuerpo.
Siempre he contando los días, minutos y segundos para que de la noche a la madrugada eso sucediera. Y tiempo antes de que la fecha se cumpliera comencé con mi asedio, sólo se trata de un juego más, una apuesta segura que cobraré en poco tiempo. Salimos unas cuantas veces y todo ya está asegurado. Tú cantando tus canciones pop y pasándome tu micrófono imaginario en los coros. Yo sólo seguía manejando para cumplir el contrato previo.
Ya veo la victoria frente a mis ojos, yo soy gobernante de tus ideas y seguramente proveedor de tu insomnio. Aunque pongas como escusa el café que nos tomamos por la tarde, cuando no hice más que ignorarte a ratos y mirar por la ventana del café mientras tú me cuestionabas y respondía con el menor número de sílabas posible. Porque ese aire lo necesitaría para los besos posteriores antes de llegar a tu casa. Y en el camino tomaste mi teléfono y comenzaste a ver las fotos. Te reíste de mí y alagaste a mi familia. De pronto se acabó la batería y al tren se le ocurrió cursarse en el camino. Era el momento perfecto para atacar y sentí que lo perdías, sin embargo busqué dejarte con el deseo y quedarme con el mío.
Dejé que un poco más de tiempo terminara de borrar tu antigua relación y después te vería nuevamente, según mis cálculos, sería el día apropiado para knockear, quedarme pegado como sanguijuela a tus pensamientos y robar vía wifi todo tu tiempo. Me acerqué premeditadamente a ti, pero antes tenía que enfriar mi mente y olvidarme un poco de ti. Llegué de nuevo a verte, pasamos un rato juntos, tú entre mis brazos y yo recibiendo esos dos besos en mi cuello. Ese fue el momento justo, incluso parecía que los planetas se habían alineado, pero preferí esperar y dejar que te entregaras.
Llegué a mi casa, y me senté a ver la tele, tranquilo y seguro de que nuestro cariño se consumaría la siguiente vez que te vea. Ya pasaron más de diez meses y tú estás con él, lejos de mí consiguiendo una muy estúpida imitación de lo que pudiste tener. Dices que lo amas para atar mi espíritu de pies y manos, dejando todo en mi ilusa imaginación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario