viernes, 6 de noviembre de 2009

Perfección

Estaba él ahí, sentado y mirando hacia la nada que cursaba aquel puente, esperando la silueta de la mujer desconocida, aquella que se recargaría en el puente, con vestido blanco y clavel albino cembrado entre los dedos. La imaginaba... ella sería trigueña, con mirada fuerte y decidida, pero a la vez dulce y tierna que se clavaría en corriente del rio, en espejo del agua que es lo mismo pero al revés. Así seria ella. Ahi estaba ella de vestido blanco, con clavel albino y mirada tierna... Él la vió recargada y esperando, tomó sus cosas y huyó. Las cosas no salieron como se pensaron, salieron mejor.

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