jueves, 7 de enero de 2010

Apuntes de un amor fallido

Lo recuerdo bien, Pasaba el año de 1983 cuando yo era veintiséis años menor y no pensaba como lo hago hoy. Cuando yo soñaba en ella y los fines de semana únicamente esperaba los lunes para poder verla de nuevo, con sus coletas prefectas, su sonrisa tranquila y coqueta, su mirada alegre y su silencio que invitaba cada a amarla día más que el anterior. Cuando pasaba horas mirándola de frente y sin parpadear, sin poner atención a la clase, porque ni el pizarrón, ni la libreta, ni las hojas, ni los colores o la plastilina tenían el don de petrificar mis miradas como lo hacía ella. La que ocasionaba que perdiera en los juegos del recreo y recibiera balonazos en la cabeza y recibiera golizas increíbles, culpable de cientos de mis derrotas infantiles.
                Así pasé noches enteras pensando en ella, imaginándola caminar por pastizales y arboledas a inicios de primavera, con el fondo verde y azul, paso a paso por la vereda y volteando la mirada hacia mí, con su vestido blanco que nunca le vi puesto pero sé que le lucía muy bien y cargando la sobrilla con holanes para cubrirse la piel sensible, tan delicada como una flor y tan bella como sólo ella misma podía serlo. Se convirtió en musa de cartas tímidas que no serian entregadas a casusa de planes utópicamente astutos, con letras de colores que albergarían pésima ortografía y dibujos desproporcionados que expresaban la inocencia de un amor platónico e infantil. Momentos que en sueños serían el comienzo de un amor y el final de mi desesperación.
                Así fue como aquel día lleno de locura y un sentimiento que no se porque me dio, me llené de valor y tomé las cartas de mi mochila junto con la paleta que tenía en mi lonchera, y me decidí a entrar al salón, firme y sin miramientos con las ideas fijas y concentrado en mi objetivo. Que ella supiera lo mucho que la amé. Pero fue mayor la sorpresa de que ella ya no estaba más en aquel escritorio, ni frente al pizarrón, ni entre las bancas, ella estaba según me contaron después en su luna de miel, con el hombre que se me adelantó sólo por diecisiete años al nacer y dos años en declarar su amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario