Esa noche ya era tarde y como todos aquellos días regresaba del trabajo, hacía frío, la chamarra era pesada y el cansancio no ayudaba a continuar con el camino. Todo seguía siendo como de costumbre. Incluso encontrarme con ella en el último camión de la madrugada, la joven veinteañera que lucía diariamente cada uno de sus tan adorables detalles, la persona de la cual estaba enamorado, la que me saludaba siempre con sonrisas conocidas que le servían para evitar amablemente más de mis miradas. Y mis palabras se quedaban una vez más esperando despegar desde mi boca. Mientras mi cobardía apresaba cualquiera de mis ideas y acciones. Únicamente había logrado comunicarme con ella en dos ocasiones, una de esas fue por iniciativa femenina, pidiendo que de favor le pasara su llavero y la otra cuando le pedí que le diera al chofer los cinco pesos que me faltaban por pagar. Sabía varias cosas sobre su vida. Sabia cual era su horario de trabajo, su salario aproximado, sus posibles colores favoritos, que le gustaba cenar siempre unas barras de avena y algo yogurt en el camino a su casa, que leía novelas a medias, la colonia donde vivía y que era soltera.
Aquella vez hubo un pequeño cambio en la ruta a causa de las obras en la ciudad y el trayecto se alargaría, entonces surgió de mi imaginación la ilusión de la misma iniciativa femenina, junto con nuevas oportunidades de conocerla. Así fue como una buena y larga charla comenzó, en mi cabeza, cuando miraba como ella se quedaba dormida, a la par que admiraba el vaivén de sus cabellos y sus labios remojados.
Despertó justo donde yo bajaba, apresurada tomó sus cosas, salió deseando que algún taxi le hiciera la parada y la dejara en su casa. Pero a esa hora no encontró ni el taxi ni quién le inspirara confianza, sólo apareció una mano que empuñaba aquel brillo afilada que le atacó por sorpresa, y arrebató la bolsa con tres billetes de cincuenta y cuatro monedas de un peso. Yo quise seguirle para hacer pagar el delito, o cuando menos ayudar llevándola a algún médico, pero el frío, el trabajo y el cansancio prefirieron que siguiera mi camino.

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