El reloj está sonando entre el silencio de la habitación, hace frio y estoy solo, necesito un poco de ti, y más aún cuando no puede dormir toda la noche, esta fecha se acercaba poco a poco como el remanso de las olas en la playa hacia un castillo de arena o un nombre escrito sobre entre los granos de la playa. Yo no hacía nada para hoy, porque a veces en serio me emocionaba y me decidía a hacer algo fenomenal, pero al final la espuma salada me hacía perder la esperanza de algo próspero. Ayer me recosté en la cama y pensé un poco en que podríamos hacer algo hoy, pero no fueron más que castillos de arena que se llevaría el mar al atardecer, como se llevó tu nombre esa última vez.
-Sólo pérdida de tiempo y de sueño, mejor tenía que dormir y reparar horas de sueño robadas entre semana.
Entonces sólo tomé la decisión de acostarme y dormir, me acerqué a la cama, pero le tenía miedo al frio de las sábanas y a quitarme la ropa, mejor me puse a escribir un poco, mientras se le ocurría algo a la pluma yo bajé por zucaritas y leche, me senté a escribir y comencé con unas letras, después un as cuantas palabras y enunciados, finalmente un montón de porquería cursi y sin sentido para hoy, al fin no te vería, ni hoy ni pasado mañana ni nunca más mientras tú estuvieras junto a él. Rompí las hojas y las aventé a donde pertenecían. Tomé una decisión y me cobijé porque no tenía caso pensar de nuevo en ti hasta nuevo aviso. Cerré los ojos y esperé a dormirme. Quince minutos después el zumbido conspirado de un mosco me despertó, un plato roto, unas cuantas despostilladas en la pared, algunos watts y hora con catorce minutos fueron la factura su velorio.
-Ese mosco tan fastidioso no me dejaba tomar en cuenta el momento y quería algo de atención para él. Otra buena pérdida de tiempo.
Tomé de nuevo la iniciativa del sueño, pero el celular me contó una historia olvidada de amor fallido renaciendo en el mensaje de texto que recibí. “hi espero te acuedres de mi. Perdon zi te desperte”.
-Ja, una más de las que me recuerdan y entrar en melancolía, nadie que en verdad valga la pena. Es sólo perder el tiempo.
De nuevo a la cama, la almohada sobre la oreja y la cara mirando al espejo, los ojos a punto de cerrarse y ese mismo número me gritó desde mi celular.
-Pero ahí va el estúpido a contestar la llamada para perder más el tiempo.
De fondo unas risas de mujeres y nada más.
Después llegó otro mensaje: “Te veo en la statua del venado ke te gusta, en 10 minutos”
-Más estúpido aún en responder con las acciones solicitadas. Lo que es querer perder el tiempo.
Me vestí de nuevo con la ropa que sentía húmeda, las pantuflas estorbosas y una chamarra para caminar cómodo, no le veía acaso al tomar el carro, pues la estatua estaba a unas cuantas cuadras y si ella quería verme esperaría al menos otros diez minutos. Caminé por la avenida, temblando, frotando mis manos y sintiendo como las piedritas y las piedras del camino tropezaban con mis pies.
-Sabía que era estúpido y peligroso exponerme así, sólo por gusto, pero era más estúpido perder el tiempo a las cuatro de la madrugada, cuando lo más seguro dentro de lo positivo, era encontrarme a una persona borracha y deseosa de algo que en realidad no me interesaba.
Cuando llegué sólo vi una silueta desconocida a contra luz, mirando el venado, tranquila y sólo con una bata cubriéndole. No sabía si acercarme o esperar un poco más haciendo pasos más pequeños y pausados. Al final opté por continuar con pasos comunes.
-Esto era algo sin ningún sentido en realidad y al mal paso darle prisa, más aún cuando pierdes el tiempo.
La miré mientras me daba la espalda, abstraída absolutamente por el reflejo opaco de la luna sobre la escultura, justo como me llamaba más la atención de la misma, justo como la había imaginado todas las tardes desde la infancia. La tomé del hombro, pero no volteó, cosa que sinceramente me espantó, entonces me tuve que mover para verle la cara, interponiéndome en el camino de la luz azul y opaca que reenviaba la pata del venado. La miré y me sorprendí más aun al notar que no tenía cerrada la bata, pero sutil y delicadamente cubría detalles del cuerpo, como dejando todo a la imaginación. Le miré a la cara y fue el colmo absoluto, no era nadie que yo esperara encontrar, era alguien que no quiero mencionar…
-En efecto, fue una pérdida de tiempo, no sé qué fue aquello que me impulsó a hacer eso, sólo sé que ahora ya no lo dejo de pensar, de estar tentado, de desafiar y vivir con esperanzas inciertas.
Y eso fue todo, sólo mirar ese rostro que me hace negar con la cabeza y una sonrisa mientras me chupo el labio inferior. Regresé a mi casa, pensando en esa escena sin palabras, en ese rostro al que en algún momento debía haberle dicho algo. Porque esas es la razón por la cual ahora no estoy viendo, por mi jodido miedo al futuro y a la sinceridad dejé perder lo que ahora busco desesperado.
Llegué a la casa, me quieté las pantuflas sucias de lodo y charcos, dejé el celular en el buró y me recosté por los únicos veinte minutos que logré dormir.
Desperté y busqué el cadáver del mosco para tirarlo a la basura, pero no lo encontré, el celular estaba tirado a mitad del pasillo, con llamadas perdidas y mensajes desde él mismo y las pantuflas guardadas y limpias dentro del closet. Y tu cara seguía tan nítida y deseable como cuando mirabas al venado en la madrugada iluminada por el azul opaco.
Ahora sólo me pregunto qué harás hoy, mientras hoy estoy sentado oyendo el tic tac del reloj que me recuerda en cada golpe que no estoy junto a ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario